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Feliz Día de Todos los Santos

octubre 28, 2011

Se acerca el 1 de noviembre y todo el mundo se vuelve loco con Halloween: tiendas decoradas, fiestas de disfraces, caramelos en forma de calabaza… Esta fiesta importada de los Estados Unidos, gracias a su machacona aparición en series y películas, parece estar calando cada vez más en nuestra sociedad. Pues como ya hay suficientes admiradores de esta noche de brujas, yo por mi parte hago honor a la fiesta autóctona del Día de Todos los Santos con este dibujo. ¡Espero que os guste!

Artículos publicados

octubre 17, 2011

Aquí os dejo los links de los dos últimos artículos que he publicado en la Revista digital Abre el Ojo. Uno de ellos se adentra en el Museo Vostell de malpartida de Cáceres, un lugar único donde el arte fluxus y la naturaleza se entremezclan respetándose y formando parte el uno de la otra y viceversa. Un lugar al que recomiendo ir, no sólo a los interesados en el arte contemporáneo, sino también al viajero que quiere volver a sorprenderse en un paraje completamente diferente.

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El segundo artículo es un Clásico Coleccionable, también de la Revista Abre el Ojo. En esta ocasión repaso la carrera de Joana Vasconcelos, artista protuguesa que saltó a la fama gracias a su espectacular lámpara de tampones, y cuyas obras se vuelcan en el mundo de lo femenino desde muchos puntos de vista: el reivindicativo, el humorístico, el sensacionalista… sus obras no pasan desapercibidas y su juego visual son su baza para hacerse con el público.

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Viaje en barroco

marzo 7, 2011

El Barroco me apasiona y me persigue. No es que sea una mujer con el fantasma  de Quevedo pegado a la espalda, pero ciertos temas recurrentes del poeta y sus contemporáneos me acompañan en mi viaje diario de casa al trabajo, una experiencia de lo más barroca, se lo puedo asegurar.

Corro cada mañana mirando constantemente los relojes desperdigados por la casa, el tiempo apremia para un día como cualquier otro en ese bucle vital (insustancial demasiadas veces) en el que vivimos. Cuando consigo llegar a la cola del autobús, las estrecheces, las apreturas y, en ocasiones, los olores me trasladan  a los corrales de comedias (¡qué acertado nombre!), solo que ya no hay distinción de sexos, cualquier espacio es bueno para hincarle el codo al de al lado y montar gresca.

Pero si hay algo que me deja embobada mientras pienso en el concepto barroco de la vida es el recorrido. Todos los días el paisaje que me acompaña por la ventanilla del autobús es el cementerio de La Almudena. Tumbas y cipreses decoran mi camino, que ahora contrasta más con los almendros en flor que se dispersan cerca de la tapia, fuera de ese camposanto tan gris y que visualmente es una metáfora más que lograda de la ciudad de Madrid. Los cipreses, esos árboles perennes que no hacen más que recordarnos el ciclo constante de la vida, se confunden con las torres de la Castellana, y la verdad es que no difieren mucho.

Las tumbas y nichos son sin duda lo más deprimente del paisaje, y no porque la muerte me deprima, sino porque me recuerda demasiado a nuestra insensata existencia. La mayoría de los mortales nos pasamos la vida apiñados en pequeños pisos, apretados en los medios de transporte público, esquivando a la gente en la calle, agobiados en las tiendas de baratillo, haciendo cola en el cine… y vamos, nos morimos y nos entierran exactamente igual: hacinados. Y el que se crea un afortunado por no acabar en un nicho sino en la tierra, en fin, me apiado de él porque en el fondo es como esos ingenuos que llaman chalet a su adosado… Pero lo peor, es que después de muertos sigue habiendo clases y clases, y el forrado en vida es quien disfruta de un ostentoso panteón con una parca de mayordomo, otra de ama de llaves y la tercera de doncella. Y mientras tanto, el pobre se sigue conformando con unas flores de plástico en el mejor de los casos. Vamos, que no hay derecho.

Por supuesto, en este viaje barroco no podía faltar el toque satírico que tan brillantemente se desarrolló en nuestro Siglo de Oro, de él se encarga hoy la EMT con su nuevo invento: “haga una foto antes de llegar a la próxima parada y mándela a nuestra web”. No me digan que no tiene gracia el asunto. Porque tengo un móvil del Pleistoceno que si no, les obsequiaba con una postalita de este cementerio que es tan glamouroso como la Costa del Sol, es decir, representación de la especulación del terreno en grado superlativo.

Tengo que decir que el cementerio de La Almudena no tiene ni un poquito del romanticismo de los cementerios nórdicos, lugares maravillosos donde encontrar paz para leer, para pasear divagando sobre la vida de los habitantes del camposanto o para desconectar de la rutina (supongo que ante este punto los muertos deben revolverse en sus tumbas). Será que nuestro carácter nos lo impide, y cuando nos estamos aproximando a la quintaesencia de lo sublime, no podemos evitar hacer un chiste para relajar el ambiente y romper la intensidad del momento. Supongo que es nuestra condición barroca.

 

Vuelta al pasado en alta velocidad

diciembre 23, 2010

Este fin de semana he experimentado un suceso paranormal al estilo Julio Verne, os lo contaré: he encendido la tele, me he puesto a ver las noticias, y ¡ voilà! he viajado en el tiempo, exactamente a la época más gris de nuestra historia más reciente. Y todo gracias al NO-DO (ahora llamado noticias).

Tapaos la nariz y leed: ¡españoles! La tecnología avanza a pasos agigantados por las vías férreas de nuestra patria. Hemos superado a Europa y somos un ejemplo a seguir para todo el mundo. Ahora, las paellas están al alcance de la mano de nuestros chulapos y nuestras violeteras; y la administración de loterías de doña Manolita se encuentra a un abrir y cerrar de ojos de nuestras falleras mayores.

Ya podéis soltar la nariz y tomar aire. Increíble, sí señores, todo han sido mensajes populistas y ni una voz discordante. ¿cómo es esto posible? Porque no sé qué deben opinar aquellos que viajaban a su pueblo por donde antes sí pasaba el Alaris; tampoco aquellos que no tengan recursos para pagarse los carísimos billetes de AVE, porque para los ilusos que creen en las ofertas encabezadas con “desde” y asterisco…les digo: ¡despertad de vuestro letargo!.

Lo de avanzar en las comunicaciones están muy bien, pero ¿a qué precio?. Una década de trabajos y millones y millones de euros no parece muy rentable, no. Sumemos a esto el número de viajeros que deberían utilizar el AVE (ocupación total de todos lo trenes de todos los días del año) para que esta iniciativa fuera rentable, y tacháááááááááánnnn: cagadita made in Spain.

Yo, desde mi posición de asidua viajera (no tengo coche), no quiero aves de ningún tipo, quiero una red de ferrocarril competente que llegue a más lugares, y que los trenes no se queden tirados.

Me pregunto a dónde irán a parar los Alaris valencianos, ¿los pondrán en Extremadura? No estaría mal en lo que a mi respecta porque estoy harta de viajar en trenes viejos, machacados, a los que no les funciona la calefacción ni el aire acondicionado, en los que cuando llevas una hora de trayecto dudas entre ponerte de pie o directamente amputarte las piernas, porque señores políticos, tras la generación de Alfredo Landa y Gracita Morales, los españoles ya crecemos más de uno cincuenta. Y por supuesto, también quiero precios competitivos que realmente te hagan plantearte elegir el transporte público, ¿pero cómo poder hacer ver esto a nuestros políticos, esos que ahora son amiguitos y se sonríen hipócritamente y que hablan y hablan sin saber de qué va la vaina? Ellos sólo salen de casa en sus cochazos de lujo con chófer y van en trenecito para hacerse la foto. Así que, obvio totalmente su opinión.

Pero además de luchar contra esta chupi-pandi que nos gobierna, o lo intenta, están también los que les bailan el agua con declaraciones tales como: “Es fabuloso viajar tan rápido, la pena es no poder ver el paisaje” A ver, señores, que no hace falta ser Einstein para adivinar que a trescientos kilómetros por hora no se ve una mierda. Ay, si Walter Benjamin levantara la cabeza… su fascinación por el ferrocarril se ha transformado en el supositorio supersónico con el que todos hacen campaña, y nos meten en vena la prisa y el estrés con total impunidad, porque perdonen mi ignorancia, pero ¿dónde está la calidad de vida en el hecho de vivir en Cuenca y tener que desplazarse todos los días a trabajar a Madrid ?

Yo sólo pido un viaje eficaz, y no me importa nada disfrutar de la lectura, de desgranar el periódico, de hacer crucigramas, de oír un disco entero sin más, de mirar por la ventanilla el paisaje, del bocata de tortilla y de la siestecita con traqueteo. Y todo esto en absoluto está reñido con la puntualidad y la sensatez.

A los que defienden fervientemente el AVE sin cuestionarse que pueden existir alternativas, les digo: no me hablen de que traerá más turismo porque, o te curras una buena oferta cultural, o ni el Concorde lleva a las masas al desierto. No me hablen de avance en los negocios porque estamos en el siglo XXI, el siglo de las telecomunicaciones, y en estas sí que se debería invertir más e igualarnos a los precios europeos. No me hablen de encabezar listas, porque si nos tenemos que sentir orgullosos de todas las que lideramos, como la del fracaso escolar, vamos listos.

Sí al AVE, pero no a costa de que no haya para cosas más importantes, cuando es mucho más necesario fortalecer otros recorridos, no con alta velocidad, sino con un mínimo de decencia. Y por favor, no a la charlatanería barata, que Madrid sigue sin tener playa, ¿y qué?.

Y ahora, busquen las siete diferencias:

 

Las muñecas de Famosa ya no se dirigen al portal…

diciembre 9, 2010

Como buena ciudadana no he podido resistirme a dedicar una tarde de este generoso puente a visitar una gran superficie comercial. Estando en la cola para pagar, con una triste caja de cereales en una mano, y un paquete de regalices en la otra… (Inciso: recomiendo los Tobosines de Sonric ¡porque saben a los regalices de antes! Y que conste que no me llevo comisión). A lo que iba, estaba yo esperando estoicamente a que los señores que tenía delante acabaran de discutir con la cajera sobre una oferta, cuando por puro aburrimiento y cotilleo me fijé en el objeto de la disputa. Era una muñeca bastante fea, tirando a horrorosa, y mientras no podía dejar de mirarla, pensaba: _¡Qué mala suerte tienen los niños de hoy día! ¡Qué feos son sus juguetes!. Estaba con mis cavilaciones de abuela cebolleta, cuando, ¡sorpresa!, la muñeca era una Nancy. Mi reacción fue un grito (mudo): ¡nooooooooooooooooooooooooooooooooo! ¡Qué piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii han hecho con la Nancy! Esa bella ninfa de rasgos “schifferianos”, con cuerpo de niña, y con unos estilismos que ya quisiera para sí la mismísima Sienna Miller.

Ahora, aquella elegante muñeca es cabezona, tiene ojos saltones, labios inyectados en silicona… ¡dios mío, describiéndola descubro que es una copia de Carmen Lomana!
Estoy indignadísima con lo que se le ha hecho a esta muñeca de Famosa, que sospecho ya no va a ningún portal, sino a Pachá o algún lugar parecido. Y lo peor de todo es que yo estoy desfasadísima porque este cambio radical, más doloroso que la cirugía estética, es de hace ya años, y yo sin enterarme… viviendo en mi mundo feliz, viendo a niñas con muñecas que yo creía que eran Bratz, y no, ¡eran Nancy’s!
Menos mal que aún guardo las mías (dos) y el recuerdo del día que me regalaron la primera. Ella venía, ni más ni menos, que de El Corte Inglés de Madrid, todo un lujo por aquel entonces. Con sus vaqueros oscuros, su jersey rojo de punto estilo Dusen, sus bailarinas y su larga cola de caballo color castaño, en una caja tan linda que daba pena abrirla. Definitivamente, me quedo con los ochenta.

Colaboración en Abre el Ojo nº 16

octubre 11, 2010

Otra vez he tenido la suerte de poder colaborar en la revista digital del IED, la número 16, dedicada a la ciudad. Mi artículo es un resumen de la importancia de la cultura en el desarrollo urbanístico. Os podéis descargar gratuitamente la revista, y os puedo asegurar que os encontraréis cosas muy interesantes sobre diseño, moda y cultura.

 

Noche estrellada en Hontanar

agosto 18, 2010

En medio de la noche, esperando pacientes a que las Perseidas nos iluminen, nos dejamos arrastrar por un bello relato, el de la vida. Aunque no ha habido mucha suerte y apenas brotan lágrimas del cielo, no hay manera de despegarse del oscuro lugar, donde aquel amable señor de camisa a cuadros y tirantes, y con aire de otra época, nos deslumbra con su sabiduría.

No hay cráter, ni mar, ni protuberancia de nuestro satélite que no conozca por nombre e historia; no hay cometa que pase por delante de él sin que le salude con su nombre de pila; no existe satélite de Júpiter que no recuerde… Es una enciclopedia andante, con miles de millones de años luz metidos en su cabeza, cifras imposibles que producen mareo. Si ante el mar de estrellas nos encontramos reducidos, junto a él la reducción se multiplica hasta sentirnos ridículos delante de tanta elocuencia.

Satélites galileanos de Júpiter: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto

Pero sus palabras no son una aburrida letanía, la pasión que pone en el discurso nos contagia la ilusión y la necesidad de saber más. Nos narra como vivido por él mismo las hazañas de los astronautas que llegaron a la Luna, es él quien hace las fotografías, quien repara las naves, quien sufre los dolores del crecimiento de los huesos allá afuera. Sus desvelos reales los ha transformado en bellas imágenes, que va mostrándonos mientras recuerda el momento exacto en que las tomó con un amor a su oficio inexplicable. Y de las diapositivas pasa al cielo señalándonos dónde está lo que vemos en la pantalla, porque él se empeña obstinadamente en que miremos al firmamento.

Nuestro satélite: la Luna

Es un hombre de ciencias, rechaza cabalmente la astrología y las elucubraciones pueriles y engañosas; y sin embargo, disfruta como un niño contándonos cómo los griegos nombraban a las constelaciones como a sus dioses: Hércules mata al dragón y Ofiuco, más conocido como el médico Asclepios, fue capaz de resucitar muertos, enfadando a Hades, y condenado por ello a convertirse en constelación junto a su leal Serpiente, que además de rodearle en el cielo es, por sus poderes curativos, el símbolo de las boticas .

Lo que vemos, nos dice, es el pasado, aquí y ahora nos llega la luz de hace millones de años. Presente y pasado se unen, pero también se predice el futuro en las estrellas, no el de los mentirosos horóscopos, sino el del universo que es mucho más interesante: cuál será la próxima estrella polar o cómo la Vía Láctea, nuestra galaxia, será engullida por Andrómeda dentro de unos tres mil o cuatro mil millones de años. También cambiarán de posición los polos y la Cruz del Sur será visible sin tener que viajar al otro hemisferio porque el otro será el nuestro… pero claro, todo esto previsiblemente no lo viviremos nosotros, y cuando digo nosotros me refiero al ser humano, quien sabe si con nuestra desaparición la Tierra sí logre verlo…

Planeta Tierra

No entendemos que somos únicos, y que son una serie de circunstancias muy precisas las que han posibilitado nuestra existencia. Por mucho que disfrutemos con fantasías extraterrestres, no hay probabilidades de que conozcamos vida en otros planetas: el ser humano es incapaz de adaptarse al espacio, y los que lo han probado han sufrido repercusiones dolorosísimas, que jamás se cuentan porque es la parte amarga de la famosa carrera espacial; el Sol nos calienta lo justo para no abrasarnos, y él, al que debemos su condescendencia, está lo suficientemente estable para mantenernos en su órbita, además, contamos con un escudo protector, la atmósfera, inseparable amiga que ni satélites ni otros planetas poseen… y aún sabiendo que tenemos lo que nadie tiene, hemos olvidado mirar al cielo para ser conscientes del insignificante espacio de alquiler que ocupamos.

Hontanar es un pequeño pueblo situado en medio de los Montes de Toledo, paraje espectacular. Cada agosto, los vecinos aprovechan las claras noches de verano para mirar las estrellas, es la época de las famosas lágrimas de San Lorenzo. Algunos astrónomos van hasta allí con sus telescopios y todos pueden mirar a través de ellos. Gentilmente orientan al público en el cielo y ofrecen interesantes charlas sobre el Universo. Experiencia más que recomendable.